Parceros y parceras, yo no sé cuál es la bendita idea de que el amor entre más dramático, más profundo. Pero no, el amor no es sufrimiento y hay que superar esa idea errónea que ha causado mucho daño a la humanidad.

Creo que, en parte, esa falsa creencia existe por culpa de las verracas novelas latinoamericanas con las que crecimos, no solo en Colombia sino en casi todo el continente, que nos mostraban que el amor reinaba luego de superar unos hijuepuchas obstáculos terribles, y concluimos que para amar hay que sufrir.

Entonces, el galán de la novela era capaz de transformar su temperamento violento, mujeriego, cruel todo por el amor de la dulce, frágil, abnegada y enamorada protagonista que era capaz de soportarlo todo en nombre del amor.

El amor no es sufrimiento, ni se trata de princesas ni galanes

Se nos volvió común esa idea de amor, del amor que sufre, que es doloroso, que necesita superar muchos obstáculos para demostrar que sí es verdadero, el que es capaz de soportar hasta las peores humillaciones en nombre del sentimiento que todo lo puede.

Aunque como humanidad hemos evolucionado en tantos aspectos, creo que las relaciones de pareja siguen siendo para muchos la piedra en el zapato, seguimos viendo que se repiten estos patrones insanos de comportamiento y, aunque parezca difícil de creerlo, este modelo de relación continua presente.

Ya las mujeres no son princesas que necesitan ser rescatadas, ni los hombres somos príncipes dispuestos a conquistar un amor a punta de batallas, torres escaladas ni de dragones derrotados. Ni es verdad que el amor es sufrimiento y que la medida para ver qué tan fuerte es, sea el dolor que logramos soportar.

Durante años y años esta idea caló tanto en nuestras mentes que creímos que había una sola forma de amar, un solo prototipo de mujer que merecía ser amada y una única actitud para el personaje masculino: ser el macho alfa, invencible y superpoderoso.

Un amor tranquilo es aburrido

Cuando se pone de esta manera puede verse todo exagerado y pensar, baaaahhh, qué voy a estar esperando yo un amor de telenovela o de película de Disney, pero va uno a ver y sí, sí están esperando ser ese personaje por el que el ser amado esté dispuesto a todo… O por el que valga la pena aguantar todo.

Entonces, cuando un amor es tranquilo, sencillo, natural, feliz, sin montañas rusas emocionales o giros dramáticos creemos que no es amor, que hace falta algo… De pronto una que otra peleíta de vez en cuando, una escena de celos, un duelo callejero por el honor.

Tenemos una idea errada de amar y ser amados. En el fondo aún soñamos con ser protagonistas de una apasionante historia, pero con apasionante historia no nos imaginamos solo noches y noches de suspiros y gemidos, no, sino que esperamos que haya un verdadero drama pasional que avive el fuego.

En esa búsqueda del amor de novela o de película nos disponemos a soportar cualquier circunstancia con tal de lograrlo. Empieza una carrera contra el tiempo para encontrar la pareja ideal.

El amor todo lo puede, si ella me ama, cambiará

Vemos en cualquier persona o en cualquier señal el indicio indiscutible de que hemos encontrado el amor de nuestra vida y que, ahora sí, todo va a ser un paraíso soñado.

Pero parceros, en esa verraca idealización podemos tener dos riesgos: no encontrar nunca la persona que cumpla con todos los requisitos para estar con nosotros, o en maquillar y forzar todo para hacer que se parezca a esa idealización.

No importa si nuestra pareja pasa de ser princesa a convertirse en la bruja del cuento, o si el príncipe azul, como dicen, se destiñe y termina pareciéndose más al ogro de la historia, lo importante es saber que el amor todo lo puede y que “él va a cambiar por mí”.

Ajá… Pueden quedarse sentados esperando toda la vida porque el que es no deja de ser

Con esto no quiero decir que no seamos capaces de forjar nuestro carácter, de crecer como seres humanos y de corregir nuestro comportamiento. Y tampoco significa que entonces haya que echarse a la pena y resignarse a ser como soy porque “ya estoy muy viejo para cambiar”.

Todos podemos hacerlo y es muy bacano cuando alguien en quien uno confía y ama le permite identificar aquello que nunca nadie nos dijo que estaba mal o que causaba daño y trabajar por mejorarlo.

Sin embargo, para que esos cambios sean realmente duraderos y efectivos deben surgir del deseo profundo y del compromiso real de esa persona. Así que por más que tú intentes hacerlo, si él o ella no es consciente o no tiene la voluntad suficiente para hacerlo, lamento decirte que nunca cambiará.

Ni el amor es sufrimiento, ni nosotros superhéroes

No sé por qué carajos en nosotros habita una idea y un espíritu no sé de qué… como una mezcla entre Madre Teresa de Calcuta y Superman que nos hace pensar que nuestra labor es ir por el mundo expiando almas y salvando vidas.

Conozco parceros y parceras que están enfrascados en relaciones tormentosas e insanas porque algo en su interior les hace creer que su misión en este mundo es enderezar al torcido, apaciguar al violento, corregir al mujeriego o terminar de criar a sus parejas.

Algo se despierta en ellos y por más dolor que estén sintiendo, por más daño que les estén causando permanecen cual soldados del Palacio de Buckingham, firmes, inmutables y comprometidos con la causa al lado de esa pareja que lo que está haciendo es drenarlos.

Vivimos tan obsesionados con encontrar el amor que estamos dispuestos a todos para ganarlo. A soportar lo insoportable o a someter a otro a que se convierta en eso que se ajusta a nuestra idea de amor perfecto.

El amor es para crecer como individuos y como pareja

No parceritos, ese no es el sentido del amor ni la misión de ustedes en la vida. Uno puede ayudarle a alguien a ser una mejor ser humano, es más, eso es lo bonito de una relación de verdad verdad, cuando dos personas que están juntas se aman con el combo completo, es decir, con sus luces y sus sombras, pero teniendo claro que esas sombras no justifican que uno se convierta en el verdugo de la otra persona.

Una cosa es aceptarnos en nuestras diferencias, amar a alguien en toda su integridad, con lo bueno y lo malo, y otra muy diferente es permitir que su forma de ser, de actuar y de amar me lastime, vulnere o afecte mi salud física, mental y emocional.

La relación perfecta no existe… no insistan

Es curioso cómo podemos irnos a los extremos: pasar de un amor dependiente, asfixiante, tormentoso, a esperar un amor perfecto en el que mi pareja nunca me lleve la contraria, tengamos los mismos gustos y siempre esté dispuesta a sonreír y a complacer todos mis deseos.

Tener una idea del amor romántico es igual de dañina que soportarlo todo en nombre del amor. Y es dañino tanto para uno como para la parcera o parcero que comparte la vida con nosotros porque tenemos tan idealizado lo que es el amor, que cuando algo se sale de ese panorama perfecto que nos hemos ideado, en mundo se nos cae encima.

Parceros, somos seres humanos ome, no sé por qué se nos olvida ese verraco detalle. Todos tenemos luces y sombras, todos estamos en proceso de crecimiento y evolución.

Nos enamoramos del amor

A veces no estamos enamorados de una persona, sino de la idea del amor, de ese amor romántico, idílico y perfecto. Entonces, si la persona que elegimos para amar empieza a mostrar indicios de “imperfección”, nuestro castillo en las nubes tambalea.

Hay mañas, comportamientos y costumbres que uno puede cambiar, es más, en una relación de pareja requiere humildad profunda para ceder en algunos momentos, pero la esencia de lo que somos no se puede y no se debe cambiar.

No puedes exigirle a alguien que cambie lo que es y no puedes dejar que nadie te lo pida a ti. Intentar ser perfecto o convertirse en lo que la otra persona quiere para que seas digno de recibir su amor, no está bien.

No le eches cabeza y busca a alguien que te acepte como eres, alguien que te permita sentirte cómodo tal cual eres y que, con amor y respeto, te motive a seguir creciendo como ser humano.

El amor es eterno mientras dura

Las películas siempre terminan en “hasta que la muerte los separe”, o luego de recorrer cinco kilómetros en un aeropuerto para terminar fundidos en un abrazo eterno, o cuando el galán toca a la puerta de su amada, ella le abre, se miran fijamente, se besan y ¡pum!, salen los créditos y tarán, vivieron felices para siempre.

Pero muy pocas veces muestran lo que pasa más allá en el día a día cuando las grandes peleas no surgen ni siquiera porque haya sucedido algo realmente significativo, sino por asuntos tan hijuepuchamente tontos como espichar mal el tubo de crema de dientes, no ordenar la ropa, tender la cama doblando las cobijas en lugar de extenderlas…

Sí, pero claro, un argumento así posiblemente no sea tan vendedor como mostrar grandes giros en la historia que conducen al inesperado final pero que lleva a que el galán, después de una decepción amorosa, encuentre al fin su media naranja.

No hay amor perfecto.

Para empezar, no lo hay porque nosotros no somos estáticos, nosotros cambiamos con el tiempo y lo que nos gusta hoy puede que no nos guste mañana.

Y con esto no me refiero a que no sea posible cultivar un amor estable porque vamos a cambiar de gustos cada año.

Con esto quiero hacer consciencia de que un amor eterno o perdurable en el tiempo no se basa en la perfección ni en la ausencia de momentos malos, al contrario, los grandes amores son los que han sabido sortear las dificultades, mantener el respeto y evolucionar juntos.

Porque recuerden parceros, una vida de pareja implica que dos personas que siguen cambiando, creciendo y evolucionando decidan hacerlo en compañía.

Danny, parcero, yo no sufro de eso porque tengo la pareja perfecta ome

Aaaaayyy, bajate de esa nube por favor, que entre más alto más duro te vas a pegar. Qué hacemos con estos verracos enamorados que idealizan al otro. Parcerito, idealizar a la pareja no le hace bien ni esa persona ni a vos.

Al hacerlo limitas las posibilidades de que la persona sea tal cual es. La metes en una burbuja de perfección y le endosas un nivel de exigencia tan grande que puede sobrepasar a cualquiera.

Esa persona tendrá que estudiar cada uno de sus movimientos porque sabe que cualquier “equivocación” puede costarle su cuento de hadas.

Y te hace daño a vos porque comienzas a creer que esa persona es infalible, que no comete errores y que cuando va al baño de su cuerpo salen rosas en lugar de olorosa humanidad.

Todo lo que hace te parece maravilloso y crees que no habrá nunca nadie más perfecto en este mundo y, por lo tanto, no puedes correr el riesgo de perderla. Entonces, terminas dispuesto a todo por mantener esa frágil perfección.

Al final, ninguno de los dos podrá mostrarse auténtico ni vulnerable y, mucho menos, podrán salirse de la raya para evitar que cualquier movimiento en falso haga estallar la burbuja de jabón.

Admirar a la pareja es, para mí, la base de toda relación. Pero admirarla sabiendo que no se trata de perfección, bajándola del pedestal, humanizándola tal cual es, amándola en sus días soleados y en los grises; en sus momentos de amor exagerado y en los de soledad y ausencia.

Que quede bien claritooo: el amor NO es sufrimiento parceros

Se nos olvida que una pareja es la unión de dos individualidades. Que ser pareja no significa fundirse en un solo cuerpo y un solo espíritu o mimetizarse, sino que es unir nuestros caminos para ir de la mano, pero sabiendo que seguimos siendo dos personas independientes, autónomas, con criterio propio y con una vida que, aunque compartida, sigue siendo de cada uno.

Parceros, hay tanta tela de dónde cortar en este tema de las relaciones humanas, tanto que decir y tanto que aprender. Como decía un conocido filósofo colombiano, “nada es eterno en el mundo” y nadie tiene la última palabra en tema de relaciones.

Todos nos equivocamos, tomamos malas decisiones, herimos a alguien, lastimamos sin querer… todos.

Pero, así como todo en la vida, nuestras acciones y relaciones deben estar guiadas por el respeto: el respeto por el otro y el respeto por uno mismo.

Cada uno está llamado a poner límites, a decir tolero hasta aquí, te amo mucho pero mi salud mental y emocional está en juego. No sé si encontraré a otra persona como tú, pero estar a tu lado me drena, me lastima.

Aaaayyyy, el amor propio… el amor más difícil de encontrar. Algún día me sentaré a escribir de ese tema, ¿les suena la idea? ¿Ustedes qué piensan?

Por ahora, me despido parceros.

Daniel Tirado

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